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Primero háblame bonito

Equipo Haz Ciudad

@revista_ciudad

primero hablame bonitoA lo largo de la vida te das cuenta de que hay temas que, de tocarse, no tienen final. Pueden salir en cualquier momento, a cualquier hora. Clásicos como la religión, la política, los deportes, la música. Hoy día son las drogas, Facebook y Twitter, el medio ambiente vs la economía, Paquiao vs Márquez, etc. Sin embargo, hay otros tópicos que además de no tener fin, sólo son tocados en círculos de confianza. Me refiero al  sexo y el amor. Sí, todos lo conversamos con alguien (muchos adornan las historias, claro) pero lo que vuelve especial a este dúo es que, en primer lugar, es un tema que une a todo el mundo, porque puede no gustarte la política, los deportes o la economía, pero tu vida (esperemos así sea) tiene encuentros sexuales de distintas maneras, aunque vivas en celibato no te escapas. En segundo lugar porque es un tema central lleno de tabús a lo largo de la historia y a lo ancho de las culturas. Por eso se vuelve un tema sin fin tan especial.

Pero hoy en día ¿cómo se vive el sexo y qué significa?, ¿se separa o no del amor?, ¿es mejor coger o hacer el amor?, ¿es malo el sexo fácil y casual o nos ayuda a desarrollar un mejor criterio emocional, además de una mejor condición física?, ¿conoces más a alguien teniendo sexo continuo o amando y “guardándote” para el matrimonio?

Son debates que no tienen fin y en los cuales las posturas serán definidas por cómo y con quiénes crecimos, a la par de las experiencias de vida, o sea, totalmente subjetivas.

Aquí lo interesante en el cómo y con quiénes creces, están dos variables importantes que nos “ayudan” a definir tanto el sexo como el amor: Disneyland y la industria pornográfica. ¿Por qué?, porque así como hay mucha gente que cree en la ilusión de un amorío noble, puro y eterno desde temprana edad; otro sector de la población, desde su pubertad, busca materializar las fantasías sexuales que abundan en su mente, y por azares del cabrón destino es muy común que se junten dos personas provenientes de ambos grupos de la población, respectivamente; es de allí de donde parten las dos corrientes de pensamiento que mueven este mundo emocional.

Tenemos al objeto y tenemos a la emoción presentes en un solo momento vivido por dos mentes distintas, ambas cuestiones sujetas a una interpretación basada en las influencias que mencionamos líneas arriba. Una mente cree en el amor como un medio para llegar a la intimidad; la otra ve la intimidad como un medio para llegar al amor, sin embargo el punto común entre estas dos visiones es que ambas buscan conocer más a fondo a la otra persona, conocer el cuerpo, la mente y los sentimientos.

Esta cuestión apunta a que simplemente se nos impuso cómo debía ser el sexo y cómo debía ser el amor, cuando al final es lo inexplicable, es la libertad y, claro, la responsabilidad. Nunca tuvimos la oportunidad de definir una cosa o la otra, de saber si vienen juntas o separadas, si debe ir una primero que la otra. Algo cierto entre tantas posturas es que no puedes amar sin tener confianza y tampoco puedes tener sexo (voluntario, claro) sin confiar, no importa que sea casual o de urgencia, una hebra de confianza debe haber para poder quitarte la ropa ante otra persona. La confianza es un elemento que alimenta ambas cosas, es esencial y necesaria y para tenerla hay que decirlo. Si buscas sexo solamente, dilo; si crees ciegamente en el amor, dilo; si crees que uno va primero que el otro, dilo y entabla la confianza.

A fin de cuentas la confianza se basa en la verdad y la felicidad en la estabilidad, o sea, no se trata sólo del sexo en exceso de forma casual ni en un cuento de hadas de amor eterno, justo como nuestro amigo el televisor y las viejas costumbres nos lo dijeron.

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Fotos Equipo Haz Ciudad, 2012.

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